viernes, 16 de febrero de 2018

Documental The Minimalist

El primer documental que me he visto en Netflix ha sido The Minimalist. Hacía tiempo que me apetecía verlo y encontrarlo en esta plataforma ha sido una grata sorpresa. Está en inglés con subtítulos en español. Los protagonistas son Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus. En él cuentan como viven su versión del minimalismo. Los conocí "virtualmente" gracias a su web, la cuál os recomiendo: https://www.theminimalists.com/
 
No quiero hacer spoiler sobre el documental, solo dar la información necesaria para que os apetezca verlo, porque creo que aporta mucho al crecimiento personal. La lectura que saco de él, es que ellos se dieron cuenta antes de llegar a los treinta de que la búsqueda de la felicidad va más allá del concepto de éxito donde a más cosas o más dinero, más éxito tienes. Ellos partían de una "buena" base. Tenían un trabajo bien remunerado y todo lo que eso les permitía comprar, pero aún así no se sentían bien.

Hacen entrevistas a otros grandes bloggers sobre minimalismo, autores de The zen project, project333, entre otros. También hablan personas que viven en minicasas, otra cosa que me encanta.  Merece la pena darle una oportunidad a este documental.
 
 
 
 

sábado, 2 de septiembre de 2017

Organizar el armario jugando

A pesar de que esta va a ser mi tercera temporada de otoño con el armario cápsula, sigue suponiéndome un reto escoger las prendas con las que me vestiré los próximos tres meses, por dos razones:

- Tengo bastante ropa que me gusta pero que de momento no me puedo poner. (Está guardada en una caja en una balda lo suficiente visible como para motivarme.)

- Hay prendas de la temporada anterior que usé tanto que las tuve que tirar, así que ya no cuento con ellas.

Cuando tenga un rato a solas, me pondré a formar conjuntos con aquellas prendas que no usé o que conservo del año anterior. El truco que voy a utilizar es muy parecido al que usaba cuando de niña jugaba con las muñecas recortables de papel: Escojo una camiseta que me gusta  e intento formar como mínimo tres conjuntos diferentes con pantalones, faldas y chaquetas, si lo cumple, la pongo en una percha dentro del armario si no, se queda fuera. Así con cada una. Normalmente suelo tener suficiente con los conjuntos colgados, pero si veo que no, pienso que necesitan esas prendas que aparté y me voy a buscarlo a alguna tienda. Si pasan los meses y a pesar de ser mi talla y haberlo podido utilizar, no lo he hecho, entonces aplico lo siguiente: guardo algo que sí uso, obligándome a utilizarlo y si aún así sigo sin usarlo, entonces lo regalo.

Al elegir vivir con un armario minimalista, he visto que no hay lugar para aquello que "no me convence", "no me sienta bien" o "no me gusta", además, me divierte combinar las prendas de forma diferente, tratando de no repetir. Hasta la fecha, nadie se ha dado cuenta de que utilizo siempre las mismas cosas a no ser que se lo diga e incluso a veces me sorprende alguien preguntándome si lo que llevo es nuevo solo por ponérmelo de manera diferente.

Sí que es verdad que cada temporada estreno cosas pero suelen ser básicos muy parecidos a los anteriores y hay que tener mucho ojo para diferenciarlos. Como por ejemplo la rebeca negra. Tiré una del H&M de algodón de cuello redondo y la he sustituido por otra negra del Lefties con cuello en v pronunciado que contiene viscosa. Ir de compras ya no es uno de mis hobbies, pero si lo hago, cumplo a rajatabla el "uno entra, uno sale", gracias a eso mi armario está siempre organizado y me resulta fácil vestirme por las mañanas.

Otro beneficio que veo con el paso del tiempo es que mis cosas cada vez ocupan menos espacio. Antes de empezar con el proyecto 333, invadía parte del armario de mi marido e incluso guardaba prendas de otras temporadas como chaquetas o jerséis en otros cajones. Estoy convencida de que sigo teniendo demasiado, pero al menos ahora lo tengo todo en mi parte del armario.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Revisando el armario

Empieza el mes de Septiembre y en pocas semanas empezará el otoño, con sus días cada vez más cortos y su correspondiente bajada de temperaturas. Ayer pasamos de 29 a 25 grados, y empecé a mirar mi armario de reojo, con la sospecha de que no está preparado para la nueva temporada que está por venir.

Antes de empezar el verano ya me sobraban algunos kilos pero llevaba unos meses haciendo ejercicio y empezaba, poco a poco, a ver resultados. Entonces, tuve una trombosis, la actividad física se paró de golpe y porrazo, no salía de casa y engordé. Me vi obligada a comprar ropa más grande y ancha, pues me costaba vestirme sola. Mi estilo este verano ha sido muy hippie, con pantalones anchos, muy finos, con estampados de colores que combiné con camisetas de tirantes de colores lisos. Son prendas que aún podré llevar el verano que viene una vez me haya quitado los kilos que me sobran, ya que a más holgadas mejor quedan.

La pregunta que me hacía era ¿Me entrará algo de la temporada anterior? Para salir de dudas, me animé a sacarlo TODO, lo puse encima de la cama e hice una primera revisión.

Tiré las prendas a las que ya les había llegado a su fin porque los colores o la tela se veían desgastados, tenían rozaduras y/o alguna mancha imposible de sacar. El suelo se empezó a llenar de camisetas y rebecas. Debo decir que no me resulta fácil tirar algo que me gusta y sé que me sienta bien, pero al menos me consuela saber que si termina en la basura, es porque lo he estado usando de forma regular en vez de morirse de risa dentro del armario.

Del resto, no me ha hecho falta probarme demasiadas cosas, porque sé a simple vista que no me van a entrar. Son prendas preciosas de la talla 40 / M, que ya llevo mucho tiempo sin poder ponerme. Todo eso lo volví a guardar y miré lo que me quedaba de la talla 42 / L. Buenas noticias, hasta que vuelva a la talla deseada, voy a poder empezar la temporada con algunas mallas, camisetas de manga corta, tres cuartos y manga larga. Lo que me faltaba eran rebecas, así que hoy me fui al centro comercial. Como no puedo andar todavía del todo bien me he preocupado sólo por buscar el tipo de modelo y tejido adecuado para el otoño-invierno en un par de tiendas concretas en la sección de básicos. Tenía muy claro los colores y las formas que quería, así que he hecho las compras en tiempo récord. Ahora sólo me falta elegir las prendas definitivas de mi armario cápsula de otoño, pero aún tengo tiempo para pensarlo porque sé que tengo todo cuanto necesito.

jueves, 13 de julio de 2017

Primera vez de camping

Este mes de agosto, hemos estado mi marido, mi hermana de nueve años y yo, una semanita de vacaciones en un camping. Ha sido una experiencia novedosa para todos, ellos porque nunca habían ido y para mí porque mi última vez fue cuando tenía seis años.

He querido que además de ser unas vacaciones especiales para todos, fueran también un ejercicio de minimalismo. Partiendo de la base de que para mí el minimalismo significa tener lo justo y necesario para vivir de forma cómoda, tuve que definir que era lo "necesario" para pasar siete noches fuera de casa.
Pregunté a personas que ya habían acampado anteriormente, qué era necesario e intenté conseguir parte del material prestado, el resto de la información y cosas, lo saqué de internet.  

Lo más importante era la tienda, que me la iban a prestar, pero como era de difícil montaje y no estoy en mi mejor condición física, al final me decanté por una de montaje fácil tipo pop-up, que estaba de oferta. Me decidí por la Inesca pop-up twin porque de 120€ que costaba en otra página, la encontré en otra con descuento por 58€ con los gastos de envío incluidos. Es una tienda ligera, fácil de transportar con forma de dos iglús unidos, uno de ellos con mosquitera a efectos "dormitorio" donde hemos metido un colchón hinchable de 140cm de ancho y el otro iglú, donde ha dormido otra persona con un colchón de 70cm, hemos guardado nuestras cosas, nos guarecimos el día que llovió y nos hemos cambiado de ropa. Estamos muy contentos con ella ya que ha sido muy confortable y práctica.

A parte de la tienda, también hicimos una inversión con la compra de los dos colchones (uno doble y otro individual) el hinchador de pie, piquetas, suelo de rafia, dos linternas y la mesa plegable, todo del Decathlon. Las piquetas fueron un gasto imprevisto ya que las de la tienda eran para suelo blando y al clavarlas, se doblaron todas menos una. No hubo más remedio que comprar piquetas para suelo duro. El hornillo eléctrico lo saqué de una tarjeta regalo que todavía no había gastado con la idea de tenerlo en caso de que algún día nos falle el gas de casa.

Antes de irnos de viaje, encontré un consejo para tener mayor comodidad que era poner suelo de goma en el interior, así que me agencié de veinte piezas tipo puzzle de goma eva en un bazar chino, más dos esterillas de yoga que tenía en casa. Una de ellas la puse fuera de la tienda a modo de alfombra en la que nos descalzábamos antes de entrar y el resto dentro. Me alegré muchísimo de haberlas llevado, ya que gracias a ellas no hemos notado ni una piedra.

El resto de trastos han sido una mezcla de objetos prestados y de cosas que tenía por casa y que no veía necesidad de invertir en versiones más portátiles o ligeras. Me refiero al barreño, las sillas plegables del comedor, las almohadas, la ropa de cama, alargos para conectar los aparatos, el ventilador, una lámpara, la barbacoa portátil, menaje de cocina... Ahora que la experiencia ha pasado y que estamos de acuerdo en que queremos repetirla en el futuro, hemos decidido que añadiremos sólo dos mejoras: una carpa impermeable que nos proteja tanto del sol como de la lluvia y unas sillas plegables de camping ya que las de casa ocupan mucho espacio en el maletero.

Ahora la cuestión es, ¿ha sido la experiencia tan minimalista como pretendía? La respuesta es sí y no. Para ser la primera vez, no ha habido nada que haya echado de menos o que no hayamos podido conseguir yendo de compras por lo que nuestras necesidades han estado del todo cubiertas. Lo que sí hemos comprobado es que nos hemos llevado cosas que o bien no se usaron o no tuvieron la cantidad de uso suficiente como para que mereciera la pena transportarlas. Esto nos enseñó algo valioso para el futuro como que:
  • La vajilla basta con que se componga de un juego por persona con una taza, un plato llano, un plato hondo, cucharilla, cuchara, tenedor y cuchillo. No nos hicieron falta los platos pequeños ni las fuentes ya que repartimos la comida directamente en cada plato. 
  • El menaje: hemos usado una cuchara de madera, una rasera, un colador, una olla, una sartén, unas pinzas de barbacoa, unos pinchos de barbacoa, tabla de cortar, un cuchillo afilado, un pelador, un abridor y un par de tuppers para guardar la comida sobrante. Nos sobró una sartén, el cazo y varios tuppers.
  • El churro de piscina se usó una vez.
  • La sombrilla no la usamos ya que en la piscina había.
  • Me preocupaba mucho el tema de los mosquitos por lo que me armé hasta los dientes, llevándome una mosquitera de dosel, spray para el cuerpo, spray concentrado, dos cajas de espirales de exterior y muchas velas de citronela que se han muerto de risa dentro del maletero del coche. La próxima vez me llevaré sólo el spray para el cuerpo y si veo que hay muchos mosquitos, entonces compraré lo que haga falta.
  • Comida y bebida: una cosa es llevarse pequeños tarros con especias para cocinar y otra lo que yo hice, llenando una caja de productos en sobre, en lata y demás. Esto habría estado muy bien si nos hubiéramos ido de acampada al centro del bosque pero estando en ciudad y con tantos supermercados cerca, fue una pérdida de tiempo, esfuerzo y espacio ya que muchas cosas han regresado de vuelta.
  • Neveras: nos hemos llevado la rígida y una plegable. Una vez en el camping nos dieron la opción de alquilar una nevera normal. Desde mi punto de vista, nos sobró una de las neveras.
  • Ropa: Como nos hemos llevado una pastilla de jabón y hemos pasado más tiempo en la piscina que en otro sitio, la mitad de la ropa ni la hemos sacado de la mochila. Después de ducharnos hemos lavado, tendido y vuelto a poner.
  • Con los juegos de mesa y el neceser lo hemos clavado, no sobró ni faltó nada, teníamos tiritas, agua oxigenada, set básico de manicura, spray solar, tapones de cera para la piscina entre otros.
  • Toallas: Nos hemos llevado de más, para próximas ocasiones, con dos toallas por persona hay más que suficiente, a poder ser ambas de playa para darles más uso.
Está visto que de todas las situaciones se aprende y seguro que las próximas vacaciones serán más minimalistas.

jueves, 1 de diciembre de 2016

¿Black Friday? No para mí

La semana pasada fue "Black Friday" idea importada de EEUU, que consiste en incentivar las ventas aplicando descuentos.

Durante los días previos, el correo electrónico se me llenó de publicidad indeseada en el que me invitaban a adelantar las compras navideñas, o a darme unos cuantos caprichos.

Las noticias sobre descuentos, dónde encontrar las mejores gangas, cómo se preparan las tiendas para ese día, cuanto se gastaría cada español, de media, y cuales serían los objetos más vendidos, se repetían.

El mismo día escuché a gente comentando que en cuanto terminaran de trabajar, irían de tiendas a por unos artículos a los que ya le habían echado el ojo. Me pareció perfecto, porque mientras ellos estarían en atascos y en centros comerciales abarrotados, yo me iría al gimnasio. Fue una idea maravillosa, la verdad. Pocas veces he encontrado tantas maquinas libres un viernes y tanto espacio para bailar durante la clase de Zumba.

La cosa es que poca gente parecía valorar la idea de NO comprar durante el Black Friday. ¿Tanto necesitaban todas esas cosas? ¿De verdad les suponía un ahorro tan grande comprar ese día en vez de cualquier otro? ¿Cuánta de esa gente que fue de tiendas terminó gastando de más? ¿O compró cosas que utilizarán poco o nada?

La cosa es que no sentí la necesidad de comprar ese día y tampoco al lunes siguiente, bautizado como Cyber Monday. Puestos a copiar a América, ¿porqué no hacemos la cena de acción de gracias?

viernes, 6 de mayo de 2016

Cómo empezar un reto de moda minimalista

Si estás leyendo esto es porque te estás planteando realizar ciertos cambios en tu vida y este precisamente es una forma fenomenal para empezar. Podría explicar en detalle en qué consiste el Proyecto 333 o cualquier otro reto de moda minimalista, pero prefiero darte unas guías generales. Por supuesto, también te invito a que entres en esa página y la leas a fondo. Además de explicaciones ofrece recursos muy útiles tanto gratuitos como de pago.
En mi opinión, el reto consiste en:
Fijar un número de prendas y un tiempo de uso limitado. El número en sí no es tan importante como el hecho de permitirte experimentar. Para que te hagas una idea, hay personas para las que 33 prendas son pocas, las justas e incluso demasiadas. En mi caso me parecieron pocas, empecé con 40 hasta llegar con el tiempo a las 33 actuales aunque a día de hoy sigo sin incluir el calzado o los complementos. Se podría decir que el número debe ser lo suficiente bajo como para suponerte un reto y lo suficiente alto para que sea viable. ¿ Ejemplos? Que no tengas que quedarte en casa envuelta en una colcha solo porque la ropa esté en la lavadora. Que puedas acudir a la reunión laboral o de ocio con la vestimenta adecuada siguiendo la etiqueta del momento. Sería raro ir a una reunión directiva en bermudas y chancletas y en traje a una barbacoa.
En cuanto al tiempo, se sugiere una estación completa (3 meses). Yo empecé con 1 mes y conforme avanzaba a base de ensayo y error lo fui ampliando hasta los tres meses.
Plantearte objetivos, retos, metas o razones que te permitan abandonar tu zona de confort y probar algo nuevo que además te beneficiará , ya sea ganando tiempo, aumentando tu autoestima, reduciendo el consumo, hacer cosas de una forma diferente, etc.
Autoconocerte ¿Eres una persona flexible o eres más del o todo blanco o todo negro? ¿Eres capaz de adaptarte? ¿Te gusta proponerte retos? Empezar un reto minimalista es una oportunidad para hacerse muchas preguntas. He cogido prestada esta imagen con las preguntas que te pueden ayudar en el proceso de desatascar el armario. A mí me hace sentirme orgullosa de mí misma el hecho de saberme capaz de realizar este reto. 
Para llevarlo a cabo necesitarás saber cuales son tus necesidades en cuanto a vestimenta. Si vistes más tiempo formal que de sport o si necesitas acudir a eventos. A partir de ahí podrás fijar el número de prendas mínimo.
Necesitarás tiempo, esto no es algo que se hace en quince minutos. Al menos no al principio. Reserva un día para ti, pon tu música favorita y empieza. Busca ayuda de alguna amiga o de algún familiar si lo necesitas. Yo lo hice sola pero he ayudado a dos amigas que aunque no querían participar en el reto sí que querían poner en orden su armario. Les fue bien mi ayuda porque las obligaba a sacarlo todo, tirar lo que no estaba en buen estado, les hacía probarse la ropa para que fueran conscientes de cómo les quedaba, e insistía en hacer una purga de todo aquello que no les gustaba pero les daba pena tirar, porque les había costado mucho, se lo habían regalado o les traía recuerdos. Como yo no tenía esa atadura emocional, me era más fácil.
En resumen, sácalo todo del armario, pruebatelo y hazte las preguntas. Aunque lo que quede sea un número mucho mayor de lo que pretende el reto, ya habrás dado un gran paso.


sábado, 30 de abril de 2016

Documental minimalista

Uno de los mejores documentales que he visto últimamente es "Mi Stuff". Está grabado en primera persona por un chico finlandés que se llama Petri Luukkainen. Cuando lo grabó tenía 26 años y estaba en plena crisis interna. Para descubrir qué es lo que en realidad necesitaba se propuso realizar un experimento extremo con tres normas a cumplir:
  1.  Guardar durante un año todas sus pertenencias en un trastero. Y cuando dice todo, es TODO. Por eso el mozo aparece desnudo.
  2.  Sólo puede recuperar una cosa al día.
  3.  No comprar nada nuevo.

Gracias al apoyo de familia y amigos que no pararán de recordarle lo raro que es lo que está haciendo, y lo loco que está, Petri se embarca en un viaje de auto conocimiento plagado de todo tipo de situaciones bizarras. No cuento más, prefiero que lo veas.

Desde mi punto de vista, han sido 80 minutos de tiempo bien empleados.