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viernes, 22 de abril de 2016

El gasto emocional

Hace poco que he empezado un curso de educación financiera. Uno de los bloques trata el gasto y dentro de esa categoría existe algo llamado "gasto emocional". ¿Qué tienen que ver mis estudios y el gasto con el minimalismo? Sigue leyendo y lo verás.

Lo primero es diferenciar el gasto normal del gasto emocional. Un gasto normal sería aquel que se realiza al pagar la factura de la electricidad o la comida,  cosas que cubren nuestras necesidades básicas o placeres que han sido previamente pensados y planificados. El gasto emocional en cambio, se hace de forma impulsiva, nos hace sentir mejor momentáneamente adquiriendo cosas que la mayor parte del tiempo no necesitamos. Otro punto importante es que se realiza para compensar una carencia interior (no sentirnos queridos o valorados, baja autoestima) o que nos sirve para aliviar el estrés, la tristeza, la frustración, la insatisfacción, el aburrimiento, etc. Es lo que se llama Shopping-terapia. El minimalismo aboga por tener sólo aquello que es útil o que aporta belleza y alegría. Puede que un cuadro no sea útil, pero si te sientes bien al mirarlo, cumple su función.

No soy sociologa pero tengo una ligera idea de las causas de estos gastos, más que nada porque hasta poco antes de empezar el proyecto 333, era adicta a las compras. Aunque faltaran más de dos semanas para tener que volver a teñirme, yo ya estaba pensando qué nuevo tinte compraría. En mi tiempo libre iba al centro comercial o a tiendas ya fuera sola o acompañada. Compraba camisetas muy parecidas a otras que ya tenía o pinta uñas de todos los tonos posibles. Libros, películas, cómics. De todo y cuanto más mejor. Mi teoría es esta, tienes gastos emocionales por los siguientes motivos:


  1. No estás content@ con tu vida. No te gusta tu trabajo, o lo que ganas, por eso después de tanto tiempo, tanto esfuerzo y tanto sacrificio, pensamos que nos merecemos comprar todo aquello que se nos antoje. Para eso trabajamos, ¿no? La cuestión es que no gastamos en experiencias, como un masaje, una sesión de peluquería y manicura, un fin de semana en pareja... Lo que hacemos es comprar cosas. Lo que me devuelve de nuevo al minimalismo: el espacio es limitado. Las estanterías, armarios y cajones tienen un límite de almacenaje, lo queramos o no. Si entran cosas nuevas pero no sale nada antiguo, se acumula. Después perderemos mucho tiempo, guardando, recogiendo y ordenando. Lo sé por experiencia.
  2. Necesidad ficticia. Estamos expuestos la mayor parte del tiempo a la publicidad. Anuncios de televisión, radio, prensa, internet, vallas publicitarias. Es un bombardeo continuo y está pensado para despertar nuestros deseos y despertar falsa necesidad. Lo veo y lo quiero. Nos pasa a todos.
  3. Tiempo de ocio en el lugar equivocado. Cuando era pequeña, los fines de semana estaban pensados para estar en familia, comer en casa de los abuelos, pasear, jugar en el parque, ir a la playa o a la montaña dependiendo de la época del año. Ahora las cosas son diferentes, vamos al centro comercial haga frío o calor, vamos "de tiendas" y pasa lo que tiene que pasar, vemos cosas que nos gustan y terminamos comprando.
No sé si son todos los motivos que existen, pero por si os ayuda, os contaré lo que yo he hecho para poner bajo control este tipo de compras:

  • Crear mi armario minimalista. Gracias a este reto, sólo compro aquello que necesito reemplazar. Si no necesito nada, no tiene sentido ir de tiendas, y si voy acompañando a alguien, no compro nada.
  • He inventado otro reto que he llamado, reto termínalo, consiste en no comprar más artículos de cosmética o higiene hasta que no acabe los que ya tengo.
  • No miro revistas de modas, o lo hago muy poco con lo que el deseo de tener aquello que está de moda desaparece.
  • Cuando quiero algo, me paro y me pregunto ¿lo necesito o sólo me gusta? 
  • Antes de realizar una compra, lo apunto y espero una semana, si después de siete días aún lo quiero, voy a por ello.
  • Pienso en otras opciones que no sean comprar como alquilar o pedir prestado. Esto me funciona especialmente con los libros y las películas. Parte del tiempo que ya no dedico al centro comercial ha ido a parar a la biblioteca.
  • Pago en efectivo, cosa que tiene algunas ventajas:
No me gasto más de lo que llevo encima.
Veo a dónde va mi dinero y cuánto me queda, lo que permite mayor control que simplemente pasar la tarjeta. Si lo que compro merece la pena, no me importa desprenderme de ese dinero.
No pago de más. Los intereses de una tarjeta de crédito pueden hacer que un jersey salga muy caro.