viernes, 16 de febrero de 2018

Documental The Minimalist

El primer documental que me he visto en Netflix ha sido The Minimalist. Hacía tiempo que me apetecía verlo y encontrarlo en esta plataforma ha sido una grata sorpresa. Está en inglés con subtítulos en español. Los protagonistas son Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus. En él cuentan como viven su versión del minimalismo. Los conocí "virtualmente" gracias a su web, la cuál os recomiendo: https://www.theminimalists.com/
 
No quiero hacer spoiler sobre el documental, solo dar la información necesaria para que os apetezca verlo, porque creo que aporta mucho al crecimiento personal. La lectura que saco de él, es que ellos se dieron cuenta antes de llegar a los treinta de que la búsqueda de la felicidad va más allá del concepto de éxito donde a más cosas o más dinero, más éxito tienes. Ellos partían de una "buena" base. Tenían un trabajo bien remunerado y todo lo que eso les permitía comprar, pero aún así no se sentían bien.

Hacen entrevistas a otros grandes bloggers sobre minimalismo, autores de The zen project, project333, entre otros. También hablan personas que viven en minicasas, otra cosa que me encanta.  Merece la pena darle una oportunidad a este documental.
 
 
 
 

sábado, 2 de septiembre de 2017

Organizar el armario jugando

A pesar de que esta va a ser mi tercera temporada de otoño con el armario cápsula, sigue suponiéndome un reto escoger las prendas con las que me vestiré los próximos tres meses, por dos razones:

- Tengo bastante ropa que me gusta pero que de momento no me puedo poner. (Está guardada en una caja en una balda lo suficiente visible como para motivarme.)

- Hay prendas de la temporada anterior que usé tanto que las tuve que tirar, así que ya no cuento con ellas.

Cuando tenga un rato a solas, me pondré a formar conjuntos con aquellas prendas que no usé o que conservo del año anterior. El truco que voy a utilizar es muy parecido al que usaba cuando de niña jugaba con las muñecas recortables de papel: Escojo una camiseta que me gusta  e intento formar como mínimo tres conjuntos diferentes con pantalones, faldas y chaquetas, si lo cumple, la pongo en una percha dentro del armario si no, se queda fuera. Así con cada una. Normalmente suelo tener suficiente con los conjuntos colgados, pero si veo que no, pienso que necesitan esas prendas que aparté y me voy a buscarlo a alguna tienda. Si pasan los meses y a pesar de ser mi talla y haberlo podido utilizar, no lo he hecho, entonces aplico lo siguiente: guardo algo que sí uso, obligándome a utilizarlo y si aún así sigo sin usarlo, entonces lo regalo.

Al elegir vivir con un armario minimalista, he visto que no hay lugar para aquello que "no me convence", "no me sienta bien" o "no me gusta", además, me divierte combinar las prendas de forma diferente, tratando de no repetir. Hasta la fecha, nadie se ha dado cuenta de que utilizo siempre las mismas cosas a no ser que se lo diga e incluso a veces me sorprende alguien preguntándome si lo que llevo es nuevo solo por ponérmelo de manera diferente.

Sí que es verdad que cada temporada estreno cosas pero suelen ser básicos muy parecidos a los anteriores y hay que tener mucho ojo para diferenciarlos. Como por ejemplo la rebeca negra. Tiré una del H&M de algodón de cuello redondo y la he sustituido por otra negra del Lefties con cuello en v pronunciado que contiene viscosa. Ir de compras ya no es uno de mis hobbies, pero si lo hago, cumplo a rajatabla el "uno entra, uno sale", gracias a eso mi armario está siempre organizado y me resulta fácil vestirme por las mañanas.

Otro beneficio que veo con el paso del tiempo es que mis cosas cada vez ocupan menos espacio. Antes de empezar con el proyecto 333, invadía parte del armario de mi marido e incluso guardaba prendas de otras temporadas como chaquetas o jerséis en otros cajones. Estoy convencida de que sigo teniendo demasiado, pero al menos ahora lo tengo todo en mi parte del armario.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Revisando el armario

Empieza el mes de Septiembre y en pocas semanas empezará el otoño, con sus días cada vez más cortos y su correspondiente bajada de temperaturas. Ayer pasamos de 29 a 25 grados, y empecé a mirar mi armario de reojo, con la sospecha de que no está preparado para la nueva temporada que está por venir.

Antes de empezar el verano ya me sobraban algunos kilos pero llevaba unos meses haciendo ejercicio y empezaba, poco a poco, a ver resultados. Entonces, tuve una trombosis, la actividad física se paró de golpe y porrazo, no salía de casa y engordé. Me vi obligada a comprar ropa más grande y ancha, pues me costaba vestirme sola. Mi estilo este verano ha sido muy hippie, con pantalones anchos, muy finos, con estampados de colores que combiné con camisetas de tirantes de colores lisos. Son prendas que aún podré llevar el verano que viene una vez me haya quitado los kilos que me sobran, ya que a más holgadas mejor quedan.

La pregunta que me hacía era ¿Me entrará algo de la temporada anterior? Para salir de dudas, me animé a sacarlo TODO, lo puse encima de la cama e hice una primera revisión.

Tiré las prendas a las que ya les había llegado a su fin porque los colores o la tela se veían desgastados, tenían rozaduras y/o alguna mancha imposible de sacar. El suelo se empezó a llenar de camisetas y rebecas. Debo decir que no me resulta fácil tirar algo que me gusta y sé que me sienta bien, pero al menos me consuela saber que si termina en la basura, es porque lo he estado usando de forma regular en vez de morirse de risa dentro del armario.

Del resto, no me ha hecho falta probarme demasiadas cosas, porque sé a simple vista que no me van a entrar. Son prendas preciosas de la talla 40 / M, que ya llevo mucho tiempo sin poder ponerme. Todo eso lo volví a guardar y miré lo que me quedaba de la talla 42 / L. Buenas noticias, hasta que vuelva a la talla deseada, voy a poder empezar la temporada con algunas mallas, camisetas de manga corta, tres cuartos y manga larga. Lo que me faltaba eran rebecas, así que hoy me fui al centro comercial. Como no puedo andar todavía del todo bien me he preocupado sólo por buscar el tipo de modelo y tejido adecuado para el otoño-invierno en un par de tiendas concretas en la sección de básicos. Tenía muy claro los colores y las formas que quería, así que he hecho las compras en tiempo récord. Ahora sólo me falta elegir las prendas definitivas de mi armario cápsula de otoño, pero aún tengo tiempo para pensarlo porque sé que tengo todo cuanto necesito.

jueves, 13 de julio de 2017

Primera vez de camping

Este mes de agosto, hemos estado mi marido, mi hermana de nueve años y yo, una semanita de vacaciones en un camping. Ha sido una experiencia novedosa para todos, ellos porque nunca habían ido y para mí porque mi última vez fue cuando tenía seis años.

He querido que además de ser unas vacaciones especiales para todos, fueran también un ejercicio de minimalismo. Partiendo de la base de que para mí el minimalismo significa tener lo justo y necesario para vivir de forma cómoda, tuve que definir que era lo "necesario" para pasar siete noches fuera de casa.
Pregunté a personas que ya habían acampado anteriormente, qué era necesario e intenté conseguir parte del material prestado, el resto de la información y cosas, lo saqué de internet.  

Lo más importante era la tienda, que me la iban a prestar, pero como era de difícil montaje y no estoy en mi mejor condición física, al final me decanté por una de montaje fácil tipo pop-up, que estaba de oferta. Me decidí por la Inesca pop-up twin porque de 120€ que costaba en otra página, la encontré en otra con descuento por 58€ con los gastos de envío incluidos. Es una tienda ligera, fácil de transportar con forma de dos iglús unidos, uno de ellos con mosquitera a efectos "dormitorio" donde hemos metido un colchón hinchable de 140cm de ancho y el otro iglú, donde ha dormido otra persona con un colchón de 70cm, hemos guardado nuestras cosas, nos guarecimos el día que llovió y nos hemos cambiado de ropa. Estamos muy contentos con ella ya que ha sido muy confortable y práctica.

A parte de la tienda, también hicimos una inversión con la compra de los dos colchones (uno doble y otro individual) el hinchador de pie, piquetas, suelo de rafia, dos linternas y la mesa plegable, todo del Decathlon. Las piquetas fueron un gasto imprevisto ya que las de la tienda eran para suelo blando y al clavarlas, se doblaron todas menos una. No hubo más remedio que comprar piquetas para suelo duro. El hornillo eléctrico lo saqué de una tarjeta regalo que todavía no había gastado con la idea de tenerlo en caso de que algún día nos falle el gas de casa.

Antes de irnos de viaje, encontré un consejo para tener mayor comodidad que era poner suelo de goma en el interior, así que me agencié de veinte piezas tipo puzzle de goma eva en un bazar chino, más dos esterillas de yoga que tenía en casa. Una de ellas la puse fuera de la tienda a modo de alfombra en la que nos descalzábamos antes de entrar y el resto dentro. Me alegré muchísimo de haberlas llevado, ya que gracias a ellas no hemos notado ni una piedra.

El resto de trastos han sido una mezcla de objetos prestados y de cosas que tenía por casa y que no veía necesidad de invertir en versiones más portátiles o ligeras. Me refiero al barreño, las sillas plegables del comedor, las almohadas, la ropa de cama, alargos para conectar los aparatos, el ventilador, una lámpara, la barbacoa portátil, menaje de cocina... Ahora que la experiencia ha pasado y que estamos de acuerdo en que queremos repetirla en el futuro, hemos decidido que añadiremos sólo dos mejoras: una carpa impermeable que nos proteja tanto del sol como de la lluvia y unas sillas plegables de camping ya que las de casa ocupan mucho espacio en el maletero.

Ahora la cuestión es, ¿ha sido la experiencia tan minimalista como pretendía? La respuesta es sí y no. Para ser la primera vez, no ha habido nada que haya echado de menos o que no hayamos podido conseguir yendo de compras por lo que nuestras necesidades han estado del todo cubiertas. Lo que sí hemos comprobado es que nos hemos llevado cosas que o bien no se usaron o no tuvieron la cantidad de uso suficiente como para que mereciera la pena transportarlas. Esto nos enseñó algo valioso para el futuro como que:
  • La vajilla basta con que se componga de un juego por persona con una taza, un plato llano, un plato hondo, cucharilla, cuchara, tenedor y cuchillo. No nos hicieron falta los platos pequeños ni las fuentes ya que repartimos la comida directamente en cada plato. 
  • El menaje: hemos usado una cuchara de madera, una rasera, un colador, una olla, una sartén, unas pinzas de barbacoa, unos pinchos de barbacoa, tabla de cortar, un cuchillo afilado, un pelador, un abridor y un par de tuppers para guardar la comida sobrante. Nos sobró una sartén, el cazo y varios tuppers.
  • El churro de piscina se usó una vez.
  • La sombrilla no la usamos ya que en la piscina había.
  • Me preocupaba mucho el tema de los mosquitos por lo que me armé hasta los dientes, llevándome una mosquitera de dosel, spray para el cuerpo, spray concentrado, dos cajas de espirales de exterior y muchas velas de citronela que se han muerto de risa dentro del maletero del coche. La próxima vez me llevaré sólo el spray para el cuerpo y si veo que hay muchos mosquitos, entonces compraré lo que haga falta.
  • Comida y bebida: una cosa es llevarse pequeños tarros con especias para cocinar y otra lo que yo hice, llenando una caja de productos en sobre, en lata y demás. Esto habría estado muy bien si nos hubiéramos ido de acampada al centro del bosque pero estando en ciudad y con tantos supermercados cerca, fue una pérdida de tiempo, esfuerzo y espacio ya que muchas cosas han regresado de vuelta.
  • Neveras: nos hemos llevado la rígida y una plegable. Una vez en el camping nos dieron la opción de alquilar una nevera normal. Desde mi punto de vista, nos sobró una de las neveras.
  • Ropa: Como nos hemos llevado una pastilla de jabón y hemos pasado más tiempo en la piscina que en otro sitio, la mitad de la ropa ni la hemos sacado de la mochila. Después de ducharnos hemos lavado, tendido y vuelto a poner.
  • Con los juegos de mesa y el neceser lo hemos clavado, no sobró ni faltó nada, teníamos tiritas, agua oxigenada, set básico de manicura, spray solar, tapones de cera para la piscina entre otros.
  • Toallas: Nos hemos llevado de más, para próximas ocasiones, con dos toallas por persona hay más que suficiente, a poder ser ambas de playa para darles más uso.
Está visto que de todas las situaciones se aprende y seguro que las próximas vacaciones serán más minimalistas.

jueves, 1 de diciembre de 2016

¿Black Friday? No para mí

La semana pasada fue "Black Friday" idea importada de EEUU, que consiste en incentivar las ventas aplicando descuentos.

Durante los días previos, el correo electrónico se me llenó de publicidad indeseada en el que me invitaban a adelantar las compras navideñas, o a darme unos cuantos caprichos.

Las noticias sobre descuentos, dónde encontrar las mejores gangas, cómo se preparan las tiendas para ese día, cuanto se gastaría cada español, de media, y cuales serían los objetos más vendidos, se repetían.

El mismo día escuché a gente comentando que en cuanto terminaran de trabajar, irían de tiendas a por unos artículos a los que ya le habían echado el ojo. Me pareció perfecto, porque mientras ellos estarían en atascos y en centros comerciales abarrotados, yo me iría al gimnasio. Fue una idea maravillosa, la verdad. Pocas veces he encontrado tantas maquinas libres un viernes y tanto espacio para bailar durante la clase de Zumba.

La cosa es que poca gente parecía valorar la idea de NO comprar durante el Black Friday. ¿Tanto necesitaban todas esas cosas? ¿De verdad les suponía un ahorro tan grande comprar ese día en vez de cualquier otro? ¿Cuánta de esa gente que fue de tiendas terminó gastando de más? ¿O compró cosas que utilizarán poco o nada?

La cosa es que no sentí la necesidad de comprar ese día y tampoco al lunes siguiente, bautizado como Cyber Monday. Puestos a copiar a América, ¿porqué no hacemos la cena de acción de gracias?

viernes, 6 de mayo de 2016

Cómo empezar un reto de moda minimalista

Si estás leyendo esto es porque te estás planteando realizar ciertos cambios en tu vida y este precisamente es una forma fenomenal para empezar. Podría explicar en detalle en qué consiste el Proyecto 333 o cualquier otro reto de moda minimalista, pero prefiero darte unas guías generales. Por supuesto, también te invito a que entres en esa página y la leas a fondo. Además de explicaciones ofrece recursos muy útiles tanto gratuitos como de pago.
En mi opinión, el reto consiste en:
Fijar un número de prendas y un tiempo de uso limitado. El número en sí no es tan importante como el hecho de permitirte experimentar. Para que te hagas una idea, hay personas para las que 33 prendas son pocas, las justas e incluso demasiadas. En mi caso me parecieron pocas, empecé con 40 hasta llegar con el tiempo a las 33 actuales aunque a día de hoy sigo sin incluir el calzado o los complementos. Se podría decir que el número debe ser lo suficiente bajo como para suponerte un reto y lo suficiente alto para que sea viable. ¿ Ejemplos? Que no tengas que quedarte en casa envuelta en una colcha solo porque la ropa esté en la lavadora. Que puedas acudir a la reunión laboral o de ocio con la vestimenta adecuada siguiendo la etiqueta del momento. Sería raro ir a una reunión directiva en bermudas y chancletas y en traje a una barbacoa.
En cuanto al tiempo, se sugiere una estación completa (3 meses). Yo empecé con 1 mes y conforme avanzaba a base de ensayo y error lo fui ampliando hasta los tres meses.
Plantearte objetivos, retos, metas o razones que te permitan abandonar tu zona de confort y probar algo nuevo que además te beneficiará , ya sea ganando tiempo, aumentando tu autoestima, reduciendo el consumo, hacer cosas de una forma diferente, etc.
Autoconocerte ¿Eres una persona flexible o eres más del o todo blanco o todo negro? ¿Eres capaz de adaptarte? ¿Te gusta proponerte retos? Empezar un reto minimalista es una oportunidad para hacerse muchas preguntas. He cogido prestada esta imagen con las preguntas que te pueden ayudar en el proceso de desatascar el armario. A mí me hace sentirme orgullosa de mí misma el hecho de saberme capaz de realizar este reto. 
Para llevarlo a cabo necesitarás saber cuales son tus necesidades en cuanto a vestimenta. Si vistes más tiempo formal que de sport o si necesitas acudir a eventos. A partir de ahí podrás fijar el número de prendas mínimo.
Necesitarás tiempo, esto no es algo que se hace en quince minutos. Al menos no al principio. Reserva un día para ti, pon tu música favorita y empieza. Busca ayuda de alguna amiga o de algún familiar si lo necesitas. Yo lo hice sola pero he ayudado a dos amigas que aunque no querían participar en el reto sí que querían poner en orden su armario. Les fue bien mi ayuda porque las obligaba a sacarlo todo, tirar lo que no estaba en buen estado, les hacía probarse la ropa para que fueran conscientes de cómo les quedaba, e insistía en hacer una purga de todo aquello que no les gustaba pero les daba pena tirar, porque les había costado mucho, se lo habían regalado o les traía recuerdos. Como yo no tenía esa atadura emocional, me era más fácil.
En resumen, sácalo todo del armario, pruebatelo y hazte las preguntas. Aunque lo que quede sea un número mucho mayor de lo que pretende el reto, ya habrás dado un gran paso.


sábado, 30 de abril de 2016

Documental minimalista

Uno de los mejores documentales que he visto últimamente es "Mi Stuff". Está grabado en primera persona por un chico finlandés que se llama Petri Luukkainen. Cuando lo grabó tenía 26 años y estaba en plena crisis interna. Para descubrir qué es lo que en realidad necesitaba se propuso realizar un experimento extremo con tres normas a cumplir:
  1.  Guardar durante un año todas sus pertenencias en un trastero. Y cuando dice todo, es TODO. Por eso el mozo aparece desnudo.
  2.  Sólo puede recuperar una cosa al día.
  3.  No comprar nada nuevo.

Gracias al apoyo de familia y amigos que no pararán de recordarle lo raro que es lo que está haciendo, y lo loco que está, Petri se embarca en un viaje de auto conocimiento plagado de todo tipo de situaciones bizarras. No cuento más, prefiero que lo veas.

Desde mi punto de vista, han sido 80 minutos de tiempo bien empleados.

sábado, 23 de abril de 2016

Reto termínalo

Empezar un reto minimalista suele desencadenar en un efecto dominó. Pruebas una cosa y al ver que funciona, que trae beneficios a tu vida, empiezas a leer más sobre el tema y se te abre un mundo de posibilidades.
En mi caso lo que logré en poco más de un mes, fue tener un mejor estilo, el armario ordenado, recibir más  piropos, ahorrar tiempo por las mañanas, al lavar, tender y guardar de nuevo. También tenía más dinero, porque poco a poco iba domando a la adicta a las compras que llevo dentro. No es fácil cambiar este hábito de comprar por comprar y más teniendo en cuenta que es un hábito muy asentado en el tiempo. Así que me dije, si con la ropa aplico el 1 entra 1 sale (del armario) y el sólo comprar lo que necesito, ¿con qué más lo podría hacer?
Abrí el cajón donde guardo el maquillaje, los pintauñas y las cremas y ahí tuve mi respuesta. Un cajón grande, a rebosar y totalmente desorganizado. Así nació mi reto termínalo.
Si alguien se quiere apuntar es muy sencillo. Es gratis, no tienes que hacer ningún click ni enviar ningún email. Es tan sencillo como buscar un rato libre, una libreta, un bolígrafo, un trapo húmedo, una bolsa de basura y seguir los siguientes pasos:
1. Vacía el cajón. Sácalo todo, es necesario. Te aconsejo que aproveches este momento para limpiarlo a fondo, ahora que no hay nada adentro.
2. Revisa las fechas de caducidad. Si está caducado o lleva más tiempo abierto de lo recomendado por el fabricante, debe ir directamente a la basura. Para comprobarlo, busca un símbolo en forma de tarro con un número y una M. Para que se entienda 6M quiere decir usar preferentemente hasta seis meses después de abierto y 12M un año. Los cosméticos tienen conservantes que van perdiendo propiedades con el tiempo. También se llenan de ácaros y bacterias.
3. Si hay productos repetidos, por ejemplo dos máscaras de pestañas, guardar una y no vuelvas a sacar la otra hasta haber gastado la primera. Esto hará que esté todo más organizado y sea más fácil de encontrar. Pero ojo, no olvides dónde lo pones, no vaya a ser que pienses que no tienes y acabes comprando otra. (Me ha pasado).
Si lo has seguido estos puntos correctamente, ahora tendrás dos montones. El de productos que vas a usar y el que vas a guardar ( lo que has metido en la bolsa de basura no cuenta, dile adiós. Sé que da pena tirar algunas cosas y más cuando están casi nuevas, pero no merece la pena poner en riesgo tu piel o cuero cabelludo con una alergia o reacción por no tirar algo que está caducado. A partir de aquí solo te queda seguir el cuarto y último paso:
4. Ordenar. Si separas el maquillaje o los cosméticos de diario de los eventuales (semanales o de fiesta) ganarás mucho tiempo. El sistema de organización que elegí fue poner mini cestas de plástico de diferentes tamaños. En uno puse todo lo relacionado con las uñas (pinta uñas, acetona, algodones, corta uñas, limas), en otro el maquillaje en polvo y en crema, en otro las brochas, lápices de ojos, y los pintalabios, uno para las cremas faciales y otro para las corporales. Este sistema me funciona pero cada cuál tiene que ver cuál le va mejor.
Los principales beneficios de hacer esto es que encuentras todo a la primera, sin rebuscar, cuidas tu piel, conforme vas gastando, vas viendo por ejemplo que colores de maquillaje usas más y cuales a penas tocas. Esta información ha sido muy útil para mí porque aunque sea muy tentador comprar una caja de maquillaje nueva, ahora me decanto por sombras individuales que sé que voy a usar y que ocupan menos espacio. Sabes lo que tienes con lo que se evitan las compras duplicadas. Otro beneficio es que con lo que ahorras no comprando cosas que no usas, puedes permitirte comprar productos de mejor calidad. Ejemplo: en vez de tener 25 pinta uñas de los chinos (de poca calidad, que pierden el color rápidamente, dejan las uñas amarillas o se cuartean), tengo 6 de mejor calidad de uso habitual y si quiero mayor variedad de tonos, por cambio de temporada o por ser un color de moda, compro envases más pequeños.
Es posible que algún lector masculino que haya entrado en el blog haya salido despavorido o aburrido hasta la muerte al ver que hablo de cosas "de chicas". Si ese es el caso, lo siento. Si no, ya te habrás dado cuenta de que soy una mujer, hablo de cosas que me afectan y suelo utilizar el género femenino. A parte de eso, hay que tener claro que esto que cuento se puede aplicar a otras áreas de la vida diaria, seas hombre o mujer, seas más o menos coquet@, tengas la edad que tengas. Elige un área de tu vida que quieras cambiar, preferiblemente algo pequeño o fácil la primera vez, como el armario o el cajón de la cosmética, y luego pasa a la acción.

viernes, 22 de abril de 2016

El gasto emocional

Hace poco que he empezado un curso de educación financiera. Uno de los bloques trata el gasto y dentro de esa categoría existe algo llamado "gasto emocional". ¿Qué tienen que ver mis estudios y el gasto con el minimalismo? Sigue leyendo y lo verás.

Lo primero es diferenciar el gasto normal del gasto emocional. Un gasto normal sería aquel que se realiza al pagar la factura de la electricidad o la comida,  cosas que cubren nuestras necesidades básicas o placeres que han sido previamente pensados y planificados. El gasto emocional en cambio, se hace de forma impulsiva, nos hace sentir mejor momentáneamente adquiriendo cosas que la mayor parte del tiempo no necesitamos. Otro punto importante es que se realiza para compensar una carencia interior (no sentirnos queridos o valorados, baja autoestima) o que nos sirve para aliviar el estrés, la tristeza, la frustración, la insatisfacción, el aburrimiento, etc. Es lo que se llama Shopping-terapia. El minimalismo aboga por tener sólo aquello que es útil o que aporta belleza y alegría. Puede que un cuadro no sea útil, pero si te sientes bien al mirarlo, cumple su función.

No soy sociologa pero tengo una ligera idea de las causas de estos gastos, más que nada porque hasta poco antes de empezar el proyecto 333, era adicta a las compras. Aunque faltaran más de dos semanas para tener que volver a teñirme, yo ya estaba pensando qué nuevo tinte compraría. En mi tiempo libre iba al centro comercial o a tiendas ya fuera sola o acompañada. Compraba camisetas muy parecidas a otras que ya tenía o pinta uñas de todos los tonos posibles. Libros, películas, cómics. De todo y cuanto más mejor. Mi teoría es esta, tienes gastos emocionales por los siguientes motivos:


  1. No estás content@ con tu vida. No te gusta tu trabajo, o lo que ganas, por eso después de tanto tiempo, tanto esfuerzo y tanto sacrificio, pensamos que nos merecemos comprar todo aquello que se nos antoje. Para eso trabajamos, ¿no? La cuestión es que no gastamos en experiencias, como un masaje, una sesión de peluquería y manicura, un fin de semana en pareja... Lo que hacemos es comprar cosas. Lo que me devuelve de nuevo al minimalismo: el espacio es limitado. Las estanterías, armarios y cajones tienen un límite de almacenaje, lo queramos o no. Si entran cosas nuevas pero no sale nada antiguo, se acumula. Después perderemos mucho tiempo, guardando, recogiendo y ordenando. Lo sé por experiencia.
  2. Necesidad ficticia. Estamos expuestos la mayor parte del tiempo a la publicidad. Anuncios de televisión, radio, prensa, internet, vallas publicitarias. Es un bombardeo continuo y está pensado para despertar nuestros deseos y despertar falsa necesidad. Lo veo y lo quiero. Nos pasa a todos.
  3. Tiempo de ocio en el lugar equivocado. Cuando era pequeña, los fines de semana estaban pensados para estar en familia, comer en casa de los abuelos, pasear, jugar en el parque, ir a la playa o a la montaña dependiendo de la época del año. Ahora las cosas son diferentes, vamos al centro comercial haga frío o calor, vamos "de tiendas" y pasa lo que tiene que pasar, vemos cosas que nos gustan y terminamos comprando.
No sé si son todos los motivos que existen, pero por si os ayuda, os contaré lo que yo he hecho para poner bajo control este tipo de compras:

  • Crear mi armario minimalista. Gracias a este reto, sólo compro aquello que necesito reemplazar. Si no necesito nada, no tiene sentido ir de tiendas, y si voy acompañando a alguien, no compro nada.
  • He inventado otro reto que he llamado, reto termínalo, consiste en no comprar más artículos de cosmética o higiene hasta que no acabe los que ya tengo.
  • No miro revistas de modas, o lo hago muy poco con lo que el deseo de tener aquello que está de moda desaparece.
  • Cuando quiero algo, me paro y me pregunto ¿lo necesito o sólo me gusta? 
  • Antes de realizar una compra, lo apunto y espero una semana, si después de siete días aún lo quiero, voy a por ello.
  • Pienso en otras opciones que no sean comprar como alquilar o pedir prestado. Esto me funciona especialmente con los libros y las películas. Parte del tiempo que ya no dedico al centro comercial ha ido a parar a la biblioteca.
  • Pago en efectivo, cosa que tiene algunas ventajas:
No me gasto más de lo que llevo encima.
Veo a dónde va mi dinero y cuánto me queda, lo que permite mayor control que simplemente pasar la tarjeta. Si lo que compro merece la pena, no me importa desprenderme de ese dinero.
No pago de más. Los intereses de una tarjeta de crédito pueden hacer que un jersey salga muy caro.


miércoles, 20 de abril de 2016

Armario minimalista

Cuando estás tan rodeada de caos como yo lo estaba, es fácil sentirse abrumada y no atreverse a dar los pasos necesarios para cambiar. Pero encontré el blog proyecto333.org escrito por Valentina Thorner, y su lectura me dio el valor necesario para cambiar. Ella no se puede ni imaginar lo agradecida que le estoy.
Después de leer ávidamente cada entrada e incluso la versión en inglés, finalmente me decidí y hace justo un año que me apunté a este reto del armario minimalista.
Para comprender bien el gran cambio, debo explicar cuál era la situación previa. Imaginad un armario abarrotado con prendas que van desde la adolescencia hasta la época actual, con el handicap de mezclar tres tallas diferentes (40, 42 y 44). 
Si las contaba, veía que podría vestir más de dos meses sin repetir prenda. Otra cosa es que combinaran entre ellas, me gustaran o me sentaran bien. 
Me parecía irónico tener tanta ropa para luego terminar poniéndome siempre las mismas cosas y tener la sensación de no tener nada que ponerme.
El desorden era horrible. Perdía mucho tiempo en ordenar, doblar, guardar, no encontraba lo que buscaba. ¡Hasta aparecían cosas con la etiqueta todavía puesta!
Gracias a este reto minimalista, me di cuenta entre otras cosas de:
- Que hay un tipo de prenda imprescindible en mi armario: la chaqueta de punto o rebeca porque es fácil de poner y quitar según la temperatura y se pueden llevar todo el año, variando algunas de color y grosor según la temporada. 
- Que no necesito tanta cosas como creía. Antes, cuando iba de compras, si me gustaba una camiseta me compraba 2, 3 o 4 iguales pero de diferentes colores. Ahora imagina que me gustasen 3 o 4 modelos diferentes… multiplicad. Muchas las regalaba luego casi nuevas.
- Las Bermudas o pantalones cortos no sólo se pueden llevar en verano. Con unas buenas medias pueden llevarse todo el año.
- Hay que fijarse más en la calidad de las prendas que en el precio. Cuando el uso y los lavados son más frecuentes es cuando ves qué tejido es bueno y cual se desintegra.
- He mejorado mi estilo al vestir y recibo más piropos.
- Ir de compras dejó de ser un hobby con lo que ahora empleo mi tiempo y mi dinero en cosas que me interesan más, como escribir un blog ;)
- Adoro ver mi armario ordenado 

Los detalles de en qué consiste el proyecto 333 y como lo adapté a mi vida, lo escribiré en otro post.

Porqué "Minimalízame"

Podría haber escogido cualquier otro nombre para el blog, pero elegí éste por dos razones.
La primera es que hace algo más de un año, me sentía bastante descontenta con mi vida. No porque me fuera excesivamente mal, sino que tenía un sentimiento, una sensación de que algo no funcionaba y no sabía definir el qué.
En la búsqueda de la solución a ese problema, se cruzó en mi camino el minimalismo, un tema que despertó mi interés y que por lo visto era muy amplio. Añadí nuevos términos a mi día a día como "simplicidad voluntaria" "decrecimiento" "moda slow" "consumo consciente" "vida sencilla"... En cierta forma me ha parecido lógico utilizar parte de la palabra minimalismo en el nombre del blog.
La segunda es que las palabras son muy poderosas, al utilizar el sufijo -me, hablo del cambio que empieza por uno mismo.
Cuando una persona no se siente bien emocionalmente, eso se refleja en otras áreas de su vida. Uno de los más claros síntomas es el desorden en el hogar que aunque es un problema en sí, también logra causar varios problemas más como falta de inspiración o bloqueo artístico, peleas de pareja, apatía...
Otro de ellos es utilizar las compras para llenar un vacío que ningún nuevo jersey o unos nuevos zapatos puede llenar.
Empecé a imaginar cómo sería mi vida si actuara de forma diferente y todo ese caos desapareciera. Me imaginé algo así como el Planeta Kaio de Dragon Ball. Un planeta donde su habitante vivía plácidamente con sólo lo necesario. Como nota graciosa, Kaio tenía un coche para dar vueltas alrededor de su pequeño planeta,  no porque lo necesitara sino porque disfrutaba haciéndolo.
Empezar una vida minimalista es un gran proyecto y como todos los grandes proyectos, hay que dividirlo en pequeños sub-proyectos más fáciles de realizar. El primero de todos fue conseguir un armario minimalista, cosa que explicaré más a fondo en otro post. El segundo, no comprar ningún producto nuevo hasta acabar el anterior. El tercero, cabello minimalista con una motivación fuerte de fondo.
Comienzo el blog con la esperanza de que estos cambios que hice o que estoy haciendo, sean de ayuda para más personas y se animen a dar el paso que les lleve hacia una vida más simple y feliz.
 

Minicasas

Los domingos miro casi con devoción un programa de televisión sobre personas que buscan o fabrican mini casas. Las hay con ruedas y que se pueden remolcar, muy típico en Estados Unidos donde una persona cambia de un trabajo a cientos de kilómetros de distancia de su residencia habitual. También las hay fijas en lugares increíbles e incluso flotantes. Lo importante es que tienen que medir menos de 50 metros cuadrados, la media es de 18 metros aunque he llegado a ver una de 8. Este es un tema que me fascina y que por lo visto es un movimiento en auge. Allí hay personas que pasan de vivir en pisos o casas de más de 100 metros cuadrados a un sitio mucho más pequeño. De esta manera consiguen “simplificar” sus vidas, reduciendo metros y por ende sus posesiones. Algunos lo hacen para evitar deudas, otros para viajar más, hay tantos motivos como personas.
La cosa es que yo ya he vivido con mi pareja en pisos de 40-45 metros, pero en su momento no lo vi como algo liberador. En la ciudad dónde vivo, más pequeño significa más barato y aunque el espacio era pequeño (tanto que la lavadora y la nevera estaban en el trastero), empezamos a acumular cosas. No nos dábamos cuenta de tantas hasta que nos mudábamos a otro piso, a poder ser más grande que el anterior. Empaquetaba sin pararme a pensar de dónde salían tantos trastros o si realmente los necesitaba.
De momento no estoy interesada en vivir en un espacio mini, hace un poco más de un año que compramos el piso donde vivimos, y es el lugar donde pensamos formar nuestra familia. Lo que sí que estoy haciendo es revisar a conciencia nuestras pertenencias. Se puede decir que estoy en pleno proceso de reducción, con la intención de poder centrarme en lo que de verdad es importante. He tirado, regalado y vendido, cosas que no quería y dejado espacio a todas esas cosas buenas que están por venir.